jueves, 9 de febrero de 2012

Hasta hacía no más de una hora, Andrés Letonia no comprendía el rigor de la palabra "estupefacto" y salía del Banco Francés de la peatonal Córdoba, en Rosario. Ahí lo conoció. Más tarde sabría lo del rigor, pero entre caminar derecho por la peatonal y sumergirse en las galerías comerciales y verle el andar a cierto seguridad petiso y culón, Letonia optó por ver al seguridad culón. Mientras vagaba entonces, mientras hacía eles en las galerías, y con su mirada vuelos razantes entre las cabezas y los cuerpos de los viandantes de las galerías, buscando culo y viendo que nadie andaba, Andrés Letonia lo conoció. Elipsis. Es decir con esto que se entiende que de ahí fue lo usual de los levantes callejeros que, por algún motivo, van en declive en cuanto a resultados y frecuencia hoy por hoy. Algo de eso tuvo en la cabeza Andrés Letonia cuando lo conoció, como cuando eran otros los putos, otras las letras, otras las causas contra el gobierno. Arturo le dijo que se llamaba, casi 30 años digamos, alto y formado en la fibra, castaño claro, las manos enormes, los pies demasiado empanadas. Fueron donde vive Andrés -su pareja en Buenos Aires-. Cogieron duro y parejo alrededor de media hora. Pareja es un decir, pajeros fuimos todos siempre. En el estar del después, mientras el sol era el sol de la entrada o del ingreso a la siesta, así me lo contó, Arturo se vistió con la semi velocidad usual de estos caso. No fue al baño. Pero se paró. Por un segundo Letonia sintió que Arturo iría a robarle o cosa así. Pero el otro se había parado y había dispuesto su cuerpo entero hacia Andrés, del otro lado de la cama, en bolas, siempre con la mirada del otro encima, escuchó: "Me llamo Ruín y Arturo deberás entenderlo como quiero que lo hagas ahora mientras me escuchás decirte así, a vos, Andrés Letonia, a, erre, ce turo. Ésa es su sonoridad. Arcturo es mi procedencia y en tu medida que ni siquiera alcanzás a patentar soy 40 años luz desde donde estás ahí y me escuchás bajo el sonido de la voz que se produce en la garganta de quien frente a vos es mensajero y lo será tantas veces como sea necesario hasta que lo que sabés habita voluntad se desmorone en vos, Andrés Letonia, y claree algo de esta concesióin que estás recibiendo, Andrés, una oportunidad no por azar sino estar siempre nosotros rodeándote donde no nos viste, oliéndote sin que lo supieras, así, donde no hay más que vos, nosostros fuimos convocados. Por vos. Nosotros es aquí sólo una referencia que podría indicar llegado el caso, el tenor, la forma y el objeto que ustedes necesitan para saber cómo somos nosotros. Nosotros no somos ni cuerpo ni alma ni espíritu. Horrendas palabras usan ustedes. Nosotros somos recorrido y es en el carbono donde nosotros te dejamos imaginar ahora lo que podrías", ahí parece que se detuvo de golpe y le pidió a Andrés que le abriese la puerta para irse. Letonia, en bolas y todo, ya estaba en el picaporte cuando el ahora llamemoslo Ruín se iba sin decir más nada. 

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